Por / 12th abril, 2017 / Uncategorized / Sin comentarios

 

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Este medio fraile, que por altura lo daba a conocer Santa Teresa de Jesús y que por tantos motivos no pudo venir a fundar con sus monjas a Caravaca de la Cruz, mandó a quien confiaba para que esta fundación de monjas tuvieran futuro.

Y así fue, con sus monjas vino una de sus capitanas desde Malagón, Ana de San alberto y después envió, desde Beas de Segura a su garante de cómo debe ser el estilo de vida del Carmelo Descalzo, Fray Juan de la Cruz. No puede haber mayor testimonio, la carta escrita de Santa Teresa de Jesús, con su puño y letra, dirigida a la priora de Caravaca de la Cruz en 1580 desde Malagón: “Hija, ahí va el padre Juan de la Cruz; trátenle sus almas con llaneza en ese convento como si yo misma fuera, porque tiene espíritu de nuestro Señor”. Con estas pocas palabras empieza el testimonio de como este caminante también puso sus pies y corazón hacia las tierras fronterizas del Noroeste murciano y que a partir de este momento podemos decir que San Juan de la Cruz fue no sólo huésped de las carmelitas descalzas fundadas por Santa Teresa de Jesús, sino también, gracias a conocer más e introducirse en la vida de esta ciudad, le fue tan fácil también fundar un convento de frailes carmelitas descalzos, gracias a su buen trato o relación con los laicos, clero y vida religiosa. De ahí, gracias a los testimonios muy significativos y sobre todo por el hecho de fundar un convento, es legítimo poder decir que Caravaca entró en la vida de San Juan de la Cruz.

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Como “peregrino”, San Juan de la Cruz lo fue en Caravaca de la Cruz porque visitaba este convento de descalzas, no por capricho, amistad o por devoción, sino como obediencia a Santa Teresa y superiores del momento, dado que hacía falta, sin más retraso que estas monjas de Caravaca de la Cruz tuvieran un confesor, confidente, maestro de espíritu, etc., Todo esto lo tuvo en relación con las carmelitas descalzas San Juan de la Cruz y además como caminante y peregrino de la vida hasta llegar a esta ciudad que venera, adora la Vera y Santísima Cruz de Cristo. No podemos decir que el Santo no lo hiciera, pues entra de lo que supone como algo tan normal a todo el que visita Caravaca de la Cruz, que no puede irse sin verla, orar ante ella y adorarla como el leño que tuvo el cuerpo de Jesucristo.

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Además de por el antiguo monasterio de San José de Caravaca de la Cruz por el que pasó hasta en siete ocasiones fray Juan de la Cruz, el otro gran protagonista de la reforma del Carmen, durante el periodo que ostentó los cargos de definidor, rector de Baeza y vicario provincial de Andalucía. En junio de 1581, durante su segunda visita a Caravaca de la Cruz, las religiosas pidieron al Santo que procurase fundar un monasterio de frailes en esta ciudad, pues se encontraban desasistidas de religiosos de la Orden. Y así fue como en 1587 se estableció el convento de Nuestra Señora del Carmen de Carmelitas Descalzos de Caravaca de la Cruz, convirtiéndose la ciudad de la Cruz en uno de los escasos ejemplos que a la vez gozan de fundación teresiana y sanjuanista.

Textos del Padre Carmelita, Pascual Gil.

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